Bremen en 2 días: escapada urbana en el noroeste alemán

Hay ciudades que no intentan impresionarte. Bremen es una de ellas. No tiene el presupuesto de Hamburgo, ni la alegría de Colonia, ni la ambición de Berlín, y quizá por eso resulta tan honesta. Esta ciudad relativamente pequeña al noroeste alemán llevaba tiempo en mi lista de pendientes. Pude visitarla en octubre pasado y hoy te traigo mis impresiones y recomendaciones para visitar Bremen en 2 días.

Si tuviera que resumir lo que pienso de Bremen diría que se trata de la hermana pequeña de Hamburgo, con menos sentido de la moda y elegancia. Así como Hamburgo, Bremen es una ciudad hanseática aunque, a diferencia de la primera, esta claramente ha visto mejores tiempos. Es más chica, más discreta, menos pulida, pero con ese aire inconfundible del norte de Europa que a mí me encanta. Ladrillo oscuro, estilos hanseáticos, callejones de piedra, cielos grises que parecen eternos y, cuando el clima se apiada, momentos realmente lindos.

Bremen es perfecta para una escapada urbana corta y accesible. En un día se ve con mucha comodidad. En dos días, sumando una visita a la vecina Bremerhaven, se convierte en un plan redondo para conocer una parte menos turística de Alemania y entender mejor su historia migratoria y portuaria.

que ver en Bremen en 2 días
Calles peatonales del centro de Bremen

¿Vale la pena visitar Bremen?

Depende de lo que estés buscando. Si querés una ciudad vibrante, moderna y con mil estímulos, probablemente no. Si te atraen las ciudades con historia, identidad propia y un ritmo tranquilo, Bremen tiene mucho para ofrecer. Se deja recorrer sin esfuerzo, esconde cientos de símbolos envueltos en misterios y leyendas por doquier, y brinda una imagen auténtica de cómo es la vida en la que supo ser una de las principales ciudades portuarias de Europa.

No es un detalle menor que Bremen es relativamente barata para los estándares alemanes. Alojamiento, comida y transporte cuestan menos que en ciudades grandes como Hamburgo o Múnich, y eso la vuelve una opción interesante para un viaje corto con un presupuesto ajustado. Es fácil llegar a Bremen en tren desde Berlín, Hamburgo, Hannover o Amsterdam, aunque la ciudad también cuenta con un aeropuerto regional que la conecta con otras partes de Europa.

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Plaza central de Bremen, en el centro histórico

Un poco de historia para entender Bremen

Bremen fue una de las ciudades más importantes de la Liga Hanseática, esa red de ciudades comerciales que dominó el norte de Europa durante la Edad Media (a la que también pertenecieron Hamburgo, Rostock, Ystad, etcétera). Su ubicación sobre el río Weser la convirtió en un punto clave para el comercio marítimo, y durante siglos fue una ciudad rica, influyente y bastante independiente.

Junto a Berlín y Hamburgo, Bremen es una de las tres ciudades libres que conforman su propio estado federado (o Bundesland) en Alemania. Es el Bundesland menos desarrollado de Alemania, al menos en términos económicos. Vive en gran parte de la industria naval, la logística, algo de industria aeroespacial y del puerto de Bremerhaven. Esa mezcla de pasado glorioso y presente más modesto se siente en la ciudad y, para mí, es parte de su encanto. Definitivamente es lo que le da personalidad: Bremen no vive engañada bajo la ilusión de un pasado más glorioso que su presente (como pasa en muchas ciudades), pero tampoco de menosprecia por ello.

Bremen
El río Weser en su paso por el centro de Bremen

Día 1: Qué ver en Bremen

El centro de Bremen se recorre a pie y sin apuro. Todo está relativamente cerca y bien conectado. Cualquier parte del centro, entre el río y la estación central, es buena opción donde alojarse para visitar Bremen. Hay gran variedad de hoteles y alojamientos aptos para todos los presupuestos.

La Marktplatz y el corazón de la ciudad

La plaza principal (Marktplatz) es el punto de partida lógico desde donde iniciar un recorrido por Bremen. Ahí está el Rathaus, uno de los ayuntamientos más lindos de Alemania, declarado Patrimonio de la Humanidad. Justo al lado se levanta la estatua de Roland, símbolo de la libertad de la ciudad. La plaza está flanqueada por tradicionales edificios hanseáticos de fachadas oscuras y detalles dorados.

La catedral, la St. Petri Dom, imponente y sobria, se lleva todas las miradas. Vale la pena entrar, aunque sea unos minutos, para entender ese contraste entre austeridad y grandeza tan típico de esta región. Por unos pocos euros se puede subir a una de las torres para disfrutar de vistas panorámicas de la ciudad.

A pocos pasos de la plaza principal está la famosa estatua de los Músicos de Bremen. El burro, el perro, el gato y el gallo del cuento de los hermanos Grimm son probablemente la atracción más fotografiada de la ciudad. Es turística, sí, pero también forma parte de la identidad local. La tradición dice que hay que tocar las patas del burro para tener buena suerte. Estos simpáticos animales serán figurita repretida durante tu viaje a Bremen: los verás en postales, murales, artesanías, y todo tipo de souvenirs.

El Markthalle Acht, a pasos de Marktplatz, es un mercado gastronómico donde se consigue amplia variedad de platos a precios accesibles. Preferido tanto por turistas como locales, lo recomiendo como opción donde resguardarse del clima típico del Mar del Norte antes de seguir recorriendo el centro de Bremen.

Böttcherstraße y el Schnoor

Uno de mis lugares favoritos de Bremen es la Böttcherstraße. Es un callejón corto, pero con mucha personalidad. Fachadas expresionistas, detalles raros, museos pequeños, tiendas diminutas y una atmósfera que tranquilamente podría pasar por un escenario de Harry Potter. Hace más de cien años, era la calle donde se comercializaba carne. Hoy, uno de los paseos de compras más elegantes e icónicos que ver en Bremen.

El callejón conduce al embarcadero sobre el río Weser. De ahí salen cruceros fluviales, con un paseo junto a una iglesia medieval y restaurantes a orillas del río. El paseo costero no es muy grande, pero definitivamente merece una visita. Me imagino que en verano ha de ser espectacular. El resto del año, incluso en el frío y lluvia de otoño, también tiene su encanto y no costará encontrar bares y terrazas llenos de gente. Después de todo, como dicen aquí «no existe el mal clima, solo existe la mala vestimenta».

El paseo costero hacia el sudeste conduce a la zona más antigua de Bremen: el Schnoor. Este pintoresco barrio de angostas calles empedradas, coloridas tiendas, fuentes, y casitas a desnivel construidas sin escuadra también parece salido de un cuento de fantasía. Abundan las tiendas de arte, de manualidades, cafeterías, y restaurantes tradicionales. Vale la pena darse una vuelta por el Schnoor al caer el sol.

Bremen Schnoor
Schnoor

Ostertor

Caminando hacia el este del centro aparece una Bremen distinta. Siguiendo la ruta mencionada, la calle Am Wall te conduce desde el Schnoor hacia el distrito de Ostertor pasando por el Wallanlagen, un parque urbano en lo que alguna vez fueron las murallas defensivas de la antigua ciudad.

Ostertor es uno de los barrios más elegantes de Bremen, residencial, con casas grandes y calles tranquilas pero también con un aire jovial y liberal (concentrado entre Goetheplatz y Ullrichplatz), consecuencia de la cercana universidad. El barrio es ideal para caminar sin rumbo y ver cómo cambia la vibra de Bremen al salirse del centro histórico. No falta el arte callejero ni las cafeterías de especialidad que gritan gentrificación. Lo recomiendo como opción donde terminar el día en Bremen antes de regresar al centro.

Bremen Ostertor
Ostertor

Día 2: Bremerhaven

El segundo día es ideal para hacer una excursión a Bremerhaven. Esta localidad queda a poco menos de una hora en tren desde la estación central de Bremen.

Bremerhaven fue uno de los puertos más importantes de Europa entre los siglos XIX y XX. Desde acá emigraron millones de europeos, incluidos muchísimos alemanes, hacia América. Para cualquiera con historia familiar migrante, el lugar tiene un peso especial. Hoy es una ciudad más funcional que bonita, pero con algunos puntos interesantes.

Bremerhaven sigue muy ligada al mar. Astilleros, barcos, contenedores y una atmósfera industrial que no se intenta disimular. No es una postal romántica, así que no esperes la sofisticación de Hamburgo. Sin embargo, su caracter auténtico ayuda a entender por qué esta región fue y sigue siendo tan importante para Alemania. Lo primero que hacer es darse una vuelta por los diques, donde destaco la visita al submarino de guerra U-2540 (en un recorrido autoguiado en alemán e inglés por EUR 4,00 por persona.

que ver en Bremerhaven
Submarino U-2540

Si te interesa la arquitectura naval, o simplemente aprender un poco sobre la actividad marítima, vale la pena visitar el Deutsches Schifffahrtsmuseum, el museo marítimo alemán. Se necesitan entre 2 y 3 horas para verlo todo, incluyendo una muy buena exhibición sobre cómo se construyen los buques mercantiles.

El Deutsches Auswandererhaus, el museo de la emigración, es otro de los sitios que visitar en Bremerhaven. En este museo se recorre la historia migratoria de Alemania, especialmente a la diáspora germánica en el continente americano. Es un recorrido emocional, bien hecho, que conecta pasado y presente. No es obligatorio, pero suma mucho al viaje.

die Auswanderer Bremerhaven

Por supuesto que alo largo de los diques se encuentran varios restaurantes y tiendas, incluyendo un centro comercial, además de pequeños hoteles. No hace falta verlo todo, ya que la parte más interesante de Bremerhaven se concentra en los alrededores del museo marítimo y del museo de la emigración, menconados anteriormente.

Mi opinión: una escapada diferente en Alemania

Bremen no es una ciudad espectacular, pero sí interesante. Tiene historia, identidad y un ritmo que invita a bajar un cambio. En un día se recorre sin problemas y en dos, sumando Bremerhaven, se convierte en una escapada urbana completa, distinta y más barata que otros destinos del país.

Bremen no deslumbra, pero se queda un poco con vos y contribuye a entender un poquito más de este complejo país al que hoy llamo hogar. Y para mí eso es más que suficiente.

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